Notas de Prensa

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Los nuevos horizontes de Chiqui Fernández (AISGE)

febrero 2013
Chiqui Fernández
“Si no eres un bellezón,
la comedia te salva la vida”
Fue abnegada en ‘Periodistas’, luchadora en ‘Mujeres’ y suegra despepitada en ‘La familia Mata’.

Tras su paso por ‘Cheers’ y ‘El asesinato de Carrero Blanco’, la actriz madrileña busca nuevos horizontes

EDUARDO VALLEJO
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Para esta entrevista, la actriz ha emprendido el camino que separa su casa junto al Manzanares del Teatro Real, donde se hallaba la vieja escuela de arte dramático en que se graduó. La cuesta es empinada, pero sus pasos son ligeros, tal vez animados por la idea de cerrar un círculo que se empezó a trazar hace algo más de veinte años. Chiqui Fernández nació en el madrileño barrio de Oporto el año en que Neil Armstrong pisó la Luna. Como el astronauta, Chiqui también tenía la idea fija de pisar una superficie: la del escenario. “Desde niña lo tuve clarísimo. Las demás querían ser enfermeras; yo, payaso”, confirma. “En la RESAD no te preparaban para montar tu propia compañía, ni mucho menos para trabajar en telecomedias. ¡Es que no había! Todo estaba enfocado al teatro clásico. Pero después de hacer una escena de Jardiel, uno de mis profesores, Juanjo Granda, me dijo que tenía vis cómica y que eso me salvaría”. Y ella le creyó, aunque al principio le entraron ganas de llorar. “Ser actriz cómica era un demérito en aquella época”. Sus notas eran tan buenas que estaba cantado que le daban una beca para irse a Roma o París. Sin embargo, sus meniscos decidieron romperse y zancadillear al destino.
– Con lo grande que es usted, ¿de dónde viene lo de Chiqui?
– En la escuela había otra Carmen y eso no podía ser. Se me ocurrió Chiqui porque así me llamaban unos amigos de mis padres desde niña. Años después traté de desprenderme de Chiqui, pero ya era demasiado tarde. Fue en la única función de la que me he ido...
– ¿Qué pasó?
– Ya estaban hechos los carteles con mi nombre real y todo, pero el director era un desagradable que dirigía desde el patio de butacas agarrado a un whisky. Lo que terminó de hincharme las narices fue que me dijera que a mí lo que me hacía falta era una buena po...
– Ya. Se pasó unos pueblos. En todo caso, ¿hay una Chiqui y una Carmen?
– Somos la misma. Una y trina. No tengo personajes en mi vida cotidiana, aunque igual me hubiera ido mejor yendo de actriz por la vida, pero ya ve que soy la antidiva: me parto de risa a la mínima y soy asquerosamente puntual.
Ciertamente, Fernández ha acudido risueña y con puntualidad británica a su cita con Actúa, dejando asomar su espesa cabellera color caoba bajo una boina de lana y enfundada en un vestido verde de punto a juego con su maquillaje.
– ... En todo caso, aquí no se puede ser diva. Un día eres protagonista y al día siguiente estás lampando.
El día antes del encuentro, TVE había estrenado por fin, tras dos años de inexplicable olvido en algún cajón, la miniserie de Miguel Bardem El asesinato de Carrero Blanco, en la que Fernández interpreta el papel de Berta, colaboradora de ETA en Madrid. El retraso fue aún más inexplicable a la luz de los datos de audiencia: se llevó casi un 24 % de cuota de pantalla.
– ¿Hoy la miraban más de lo normal en el metro?
– No me he fijado, pero el pescadero sí que me ha dicho que me vio ayer en la tele. Este papel, muy contenido, me ayuda en el giro que quiero dar en mi carrera. Necesito salirme un poco del registro cómico y mostrar otras facetas. A las que no somos bellezones, la comedia nos ha salvado la vida cuando hemos sido jovencitas. Con los años nos llega la oportunidad de hacer otras cosas y los resultados normalmente son buenos. A los ejemplos me remito: fíjese en Blanca Portillo o Carmen Machi. Sobresalieron por la comedia, pero mírelas ahora.
– Vamos, que se nos pone usted seria.
– La próxima función que voy a producir e interpretar, con dirección de Belén Macías, apunta en esa dirección.
– ¿Autoproducirse? ¿No le da susto la crisis?
– La crisis me da susto por mi hijo y por los que vienen detrás, no por mí. Soy actriz y madre soltera, dos condiciones que me hermanan con la crisis permanente, y no me ha ido mal. Desde hace años me pagan por mi trabajo, pero cuando no era así, me lo montaba por mi cuenta. Siempre me he buscado bien la vida y he hecho de todo en interpretación, desde payaso infantil hasta cantar en la calle...
– Cuente, cuente.
– Con 20 años me fui a Londres y estuve unos meses cantando y bailando cosas de los Gipsy Kings en Leicester Square. Como payaso me he chupado un montón de comuniones y cumpleaños. También fui animadora en discotecas... Pero siempre interpretando, nunca serví copas. Esto es lo que dicen que nunca se debería contar en una entrevista porque te resta “glamur” [entrecomilla con los dedos].
– Qué tendrá de malo.
– Para mí, nada. Pero fliparía con la cantidad de gente que lo ha hecho y no lo cuenta. No se imagina las tablas y la seguridad que dan estas experiencias. Es el activo de los actores a los que el reconocimiento nos ha llegado tarde y antes hemos pasado por montar nuestras propias producciones y conocer al público de cerca y de lejos. Los que llegan al éxito con una serie no saben lo que es. Es una mala escuela, porque cuando eso se acaba ya no tienen armas.
– ¿Mejor entonces el camino de piedras que el de rosas?
– Hombre, no sé si tanto, pero creo que es una buena escuela hacer de todo cara al público. Llega un día en que el teléfono no suena y hay que tirar de recursos propios.
– ¿Ha tenido que volver a empezar muchas veces?
– La verdad es que no. Más o menos siempre he ido hacia arriba. Ahora es cuando me planteo empezar desde cero con mi propia producción. Como le decía, me ha ido muy bien con la comedia, pero tengo ganas de cambiar ya de registro.
Erre mayúscula y travesía del desierto
– A ver, empecemos por el principio, ¿usted de niña hacía el mono, se disfrazaba, etc., como toda actriz que se precie, o se salía del tiesto por otro borde?
– Ya sé que es más guay decir que acabaste en la profesión por casualidad, pero no es mi caso. Yo estaba empeñadísima en ser actriz desde niña y sacaba los pies del tiesto por ahí. A los once años tenía dinero ahorrado para irme a Hollywood con una amiga y a los catorce rompí el cerdito para estudiar en el TAI con Alberto Miralles. Finalmente logré entrar en la Escuela de Arte Dramático a los veinte.
– ¿Había mucho desmadre en la RESAD a finales de los ochenta?
– Lo había, pero yo no me enteraba. He sido atípica hasta para eso. Yo iba a estudiar y luego me volvía para el barrio con mis amigas. Solo me interesaba actuar. Me gradué el último año en que la escuela estuvo en el Teatro Real.
– ¿Conserva algún recuerdo?
– Me quedé con la erre mayúscula del rótulo.
– ¡Ay pillina! Después giró por España con la compañía de teatro infantil Pin y Pon...
– ¡Madre mía, ya no me acordaba de eso!
– ¿Los niños son un público puñetero?
– Muy exigente. Es un trabajo delicado porque hay que saber captar su atención y estás formando al público del futuro; si lo haces mal, los desalientas para siempre y ya no vuelven. Desgraciadamente, se da con demasiada frecuencia. Como actriz, no es un trabajo que me guste.
– ¿Y como madre-espectadora?
– Tengo un chavalín de siete años con mucha sensibilidad artística y me cuesta encontrar montajes que le gusten. Veo cosas a veces maravillosas y a veces desastrosas, cosas que enganchan y cosas que generan antipúblico. Es muy importante lo primero que ves en teatro. El teatro debe entretener. Aburrir a los niños es un crimen.
– ¿Cuándo y cómo empezó a vivir de verdad de esto?
– Yo he vivido de esto siempre, toda mi vida. Como le contaba, he cantado en la calle, he actuado en cafés... pero ¿se refiere a cobrar un sueldo y vivir medio bien?
– Eso es.
– Tal vez cuando empecé a trabajar en el programa de cámara oculta Inocente, inocente. Luego monté mi propia productora y compañía. Durante años hice Pareja abierta, de Darío Fo, con Paco Churruca.

"En la RESAD había mucho desmadre, pero yo
ni me enteraba. He sido atípica hasta para eso"
– Resúmanos esa travesía del desierto hasta que empezamos a verla en las pantallas.
– ¡Uf, hice mil cosas! Nada más salir de la RESAD, trabajé de humorista en Bienvenido a la jungla, un programa de radio de José Antonio Abellán. Aquello debió de durar un año o así. Luego hice Los siete contra Tebas en Mérida. Me quise ir a Londres a estudiar pero me rompí una pierna y me tuve que volver...
– ¡Pobre!
– Bueno, con mi mierda de inglés no creo que me hubieran cogido. Poquito a poco fui metiendo la cabeza en la tele: en colaboraciones con Cruz y Raya, en Inocente, inocente... Entre tanto hubo un lapso de unos siete meses en que estuve en México y Argentina acompañando a Mariano Barroso en labores de producción y cásting. Al volver a España, decidí tirar la toalla.
– Caramba, ¿así sin más?
– Estaba cansada de hacer Pareja abierta en el Alfil y de que no me llamara nadie. Yo ya había puesto todo de mi parte y una puede sufrir hasta un punto por esta profesión. Decidí abandonar la interpretación y me ofrecí a Luis San Narciso para hacer cástings. De buena fe, no era un subterfugio. Él me dijo que yo era buena actriz, que era una pena, etc. En fin, el caso es que al mes me llamó y me dijo: “Hay un personaje en Periodistas que, si gusta, se va a quedar”. Me llegó la madre de Kevin, mano a mano con Álex Angulo, y a partir de ahí la cosa empezó a cambiar. Hice Ya es viernes con Javier Capitán, luego Un paso adelante en Antena 3 a la vez que Hombres, mujeres y punto en el Teatro Alcázar, época en la cual me quedé embarazada [jadea cómicamente extenuada]. Nada más dar a luz me llamaron para protagonizar Mujeres.
– Manda narices. ¿Cómo se las apañó?
– Fue como una gran hecatombe en mi vida. Imagínese: recién parida, después de años de buscarme la vida y me llaman de la productora de Almodóvar para protagonizar su serie. ¿Ahora? ¿Tiene que ser ahora? ¿No ha habido años suficientes? [Entona las preguntas con irónica incredulidad].
– Son cosas que pasan.
– Le aseguro que como a mí, a poca gente. Lo mío es de traca. Añádale que me separé durante el rodaje.
– Ya, bueno...
– No se imagina lo que fue. Me llevaba al bebé al plató para darle el pecho y mis padres también me ayudaban. Había sido un parto complicado y no hice el reposo necesario; casi me cuesta la vida. En serio. Pero, por otro lado, el personaje era tan maravilloso y me resultó tan fácil hacerlo...
– Era ese momento decisivo en que pensó “o me subo a este tren o se me pasa el arroz”
– Claro, pero por otro lado lo hice con un diagnóstico de agotamiento clínico. Los médicos llegaron a decirme que tenía que dejarlo si no quería dejar al bebé sin madre. Pero, ¿cómo iba a dejarlo? Llevábamos no sé cuántos capítulos grabados y yo era la protagonista. Si les dejaba colgados, podía despedirme de volver a trabajar en esta profesión. Así que tiré y tiré hasta que se acabó. Me costó la salud, no por la serie, sino por mi situación.
– Sin embargo recibió muchos elogios por su trabajo y la serie es objeto de culto.
– Curiosamente, desarrollé una memoria prodigiosa. Apenas dormía y llegaba al plató sin estudiar. Yo improviso bien, pero aquello no era normal. Ese prodigio fue un espejismo, se acabó cuando terminó la serie. El cuerpo reacciona así en situaciones extremas. Fue una etapa agridulce en lo personal, pero maravillosa en lo profesional. Irene es mi mejor personaje.

Chiqui Fernández es una mujer expansiva y dicharachera. Su discurso, rápido como una ametralladora, solo da tregua cuando hace una pausa para dar un sorbito a su infusión.
– En 1999 llegaron de repente dos pelis importantes: ‘Flores de otro mundo’ y ‘Plenilunio’. Cuénteme un cuento de hadas y dígame que fue gracias a su magistral interpretación en un pequeño teatro madrileño.
– Siento decepcionarle. Icíar Bollaín y Manuel Martín Cuenca me vieron en Jo, qué corte, un musical algo sonrojante que hacíamos en el Teatro de la Latina. Icíar pensó que si estaba bien en aquello, podía estar bien en cualquier cosa [hace una mueca expresiva]. Manuel me consiguió la prueba con Uribe para Plenilunio. Fui vestida de mi personaje y actué como debía ser: una mujer triste y apocada. Tiempo después, Uribe me dijo asombrado: “Me han contado que eres muy divertida”.
– Aunque ha trabajado en cine, los nombres más sonoros de su CV son teleseries de mucho éxito. ¿Cómo consiguió colarse en ‘Periodistas’?
– Como le decía, por Luis San Narciso, al que llamé porque dio la casualidad de que mi hermano le había vendido un piso. Le dije que había estado haciendo cástings para Mariano Barroso en México y que quería trabajar en ello. Él, que me habría visto en Pareja abierta, me insistía en que era muy buena actriz. Y yo: ya, muy bien, pero no me llama ni el Tato. Pareja abierta funcionó muy bien y tuvo muy buenas críticas, es un papelón de hora y media con el que lo pasaba bomba, pero no hizo que sonara el teléfono. Fue la única vez en que tomé la determinación de cambiar de vida profesional, y ahí empezó mi carrera de verdad.
– Las paradojas de la vida. De la bata al traje de chaqueta. De señora de la limpieza en ‘Periodistas’ pasó a secretaria con pasado oscuro en ‘Un paso adelante’. ¿Cómo llevaba trabajar con tanto pipiolo danzarín?
– Bueno, lo primero que debo decir es que fue maravilloso trabajar con Lola Herrera. En cuanto a los pipiolos, había de todo, como en botica. Actualmente trabajo mucho con Alexandra Jiménez, una actriz once años más joven que yo, y es una delicia. No tengo prejuicios a ese respecto. Pero entre los jóvenes en las series hay de todo. Ocasionalmente, te encuentras gente poco profesional o, directamente, mala; gente que se dedica a cuchichear para descentrarte y cosas así. A mí esas cosas no me afectan, pero hay compañeros que lo sufren. En Un paso adelante había una importante fauna de gente muy diversa: maestros, actores con mucho potencial, jóvenes maravillosos y otros no tanto. Yo estaba un poco flipada. Entré con un papel de madre, pequeñito, pero yo pedía más. Me terminaron metiendo de secretaria en la escuela, supongo que porque les interesaba, no porque yo lo quisiera.
Mediterráneas desesperadas
– Después El Deseo le ofreció a Irene, su primer protagonista, en la serie ‘Mujeres’. ¿Qué hizo usted para merecer aquello?
– Fue mi primer protagonista. En una serie y con un papel maravillosos. Pero tras ella hubo un gran vacío. Se tiró un año olvidada en un cajón sin estrenarse, mientras se exhibía con éxito en otras pantallas. En Italia, por ejemplo, ganó un concurso y nos trataron como estrellas. Vendían la serie como la respuesta mediterránea a Mujeres desesperadas y por todas partes había carteles publicitándola, con todas nosotras en un sofá rodeadas de tomates (frente a las manzanas rojas de la serie americana). Fuimos a una recepción en la embajada; se hicieron latas de tomate con nuestros rostros... Entretanto, aquí no sabían qué hacer con ella, y finalmente se emitió sin apenas promoción por La 2, cuando estaba pensada para la 1.
– Y tuvo una buena acogida.
– Excelente. Llovieron las buenas críticas y, claro, llegaron los premios. Casi todo el elenco fue premiado. A mí me dieron un Fotogramas de Plata. Allí estaba yo, con mi aire de mamá, aún no recuperada del todo, con mi moño y mis kilos de más, sentadita junto a Penélope Cruz y Pedro Almodóvar. La gente venía a hablar con ella y apoyaban la tripa en mi cabeza. “¡Que se me deshace el moño! ¡Que es mi primer Fotogramas! Jolín con el glamur de los coj...”. Total, que me cambié de sitio.
– Esto se lo preguntamos a Marilyn Torres, pero no sabía la respuesta. A ver si con usted hay más suerte. Si la crítica la alabó y la audiencia, tratándose de La 2, fue más que decente, ¿por qué no tuvo continuidad ‘Mujeres’?
– Estuvo un año guardada en un cajón porque a quien dirigía TVE en ese momento no le dio la gana programarla y punto. Se rumoreaba que éramos muy feas y que aquello no se podía emitir. Alguien se la enseñó a Mercedes Ortiz, que entonces dirigía La 2, se enamoró de la serie y pidió que le dejaran programarla. Aprovecharon el premio de Italia para hacerlo. Se convirtió en una serie de culto, pero ya era demasiado tarde. Creo que El Deseo perdió interés en continuar. Hubo algún intento de proseguir, con menos medios, como es lógico al tratarse de La 2, pero quedaron en nada. Se ha repuesto dos veces con éxito. Una lástima.
– ¿Se le abrieron puertas?
– No las que yo esperaba. Me llegaron a decir que era la Anna Magnani española y, claro, una se hace ilusiones, pero de ahí pasé a la suegra de La familia Mata, que es una suerte, pero también un anticlímax, para qué negarlo.
– ¿Perdió toda esperanza?
– ¿De qué?
– De hacerse estrella de la pantalla.
– Nunca se sabe lo que va a pasar, pero también es cierto que hay una edad para todo. Mañana me puede salir un gran papel de una señora de cuarenta y tantos como yo, pero lo cierto es que a partir de los treinta ya no hay papeles. Mi esperanza se limita a seguir currando en esto y poder mostrar otras facetas de mi trabajo. En ese sentido, mis expectativas están cubiertas, pero ¿un papel de protagonista monísima? Lo dudo. Ojalá. Y encima tendrá que ser lo que le sobre a Carmen Machi [ríe con franqueza].
– El título ‘La familia Mata’ tiene bastante mala leche. ¿A la familia dan ganas de matarla?
– Desde luego. Muchas veces. La serie tenía su gracia. Fue muy divertido hacer de Gloria Mata.
– ¿Se inspiró en alguna suegra real?
– No, entré en el personaje desde fuera, desde lo corporal. Cada personaje que hago tiene una manera de andar, y cuando doy con ella, el personaje ya tiene vida.
– ¿Cada personaje camina distinto?
– Los míos sí. No es algo consciente, pero cuando ya tengo armado al personaje, me doy cuenta de que cada uno tiene unos andares.


"Mis expectativas están cubiertas, pero
¿un papel de protagonista monísima? Lo dudo. Ojalá"

– A su juicio, ¿por qué fracasó el ‘Cheers’ español?
– Creo que fue un error llamarlo igual que el original. Era un poco raro. Yo, desde luego, tenía malos presentimientos. Durante las grabaciones no nos reíamos, por lo menos las chicas (Alexandra y yo). La figuración, tampoco. Si grabas una comedia y en el plató la gente no se ríe, malo. Teníamos una productora y un equipo estupendos, mucha ilusión, pero...
– Señora de la limpieza, secretaria, ama de casa, camarera... ¿Le ven cara de currante atribulada?
– Bueno, ayer fui terrorista y la señora Mata era una gran señorona, pero básicamente sí. Tengo cara de mujer del pueblo [socarrona].
– Y atribulada.
– Eso lo dan el rostro tristón y las ojeras.
– ¿La fisonomía ayuda en la comedia?
– La comedia es sobre todo una cuestión de tempo, pero desde luego la fisonomía influye. Un productor de Cheers me dijo: “Tu cara da risa”. Le respondí: “No sé si partirte la cara. Vamos, que yo soy fea y tú eres un enano. Así, de buen rollo, pero te puedes ir a freír espárragos”.
– Ha trabajado en TVE 1, en La 2, en Antena 3, en Telecinco... ¿Hay diferencias?
– Esas diferencias ya no existen. Tú trabajas para una productora y rezas para que tu serie se emita en la cadena que triunfa, cosa que a mí nunca me pasa. Nunca me ha pagado una cadena, pero estoy deseando que me pase.
– En ‘Una palabra tuya’, su personaje Palmira decía “Si es que se tiene que reír una”.
– Esa morcilla es mía.
– ¡No me diga!
– Es que se me da muy bien apuntalar los guiones con mi propia cosecha. Yo sería incapaz de escribirlos, pero tengo arte para adornarlos.
– ¿Y qué le hace reír a usted?
– Me río mucho de mí misma. Es algo que viene de familia. En mi casa hemos pasado muchas desgracias, pero siempre con humor. Mi hermano pequeño murió prematuramente, pero hasta el último momento nos partíamos con sus chistes, incluso los médicos. A mí se me dan fatal los chistes, pero no concibo la vida sin los dobles sentidos y el sarcasmo. Ahora tengo que cortarme porque tengo un crío y los niños estas cosas no las pillan.
– ¿Volvería a la radio?
– Me chiflaría. Abellán me ofreció un programa nocturno que ahora me alegro de no haber hecho. Las carreras tienen mucho que ver con lo que dejas de hacer. Si me hubiera quedado entonces en la radio, con veintitantos años y un buen sueldo, jamás hubiera sido actriz. Creo. Pero no dudaría en volver a hacer radio.
– Pero de momento está liada con...
– Con La Regenta en teatro, que se va de gira a Bilbao, Córdoba y la Comunidad de Madrid. Y en Familia, la serie de Telecinco, donde nos dirige José Ramos Paíno, con el que estoy encantada, porque hace que el actor esté vivo. Es un director de actores.
– ¿Qué le pidió a los Reyes? No me diga lo de más trabajo, que eso sabemos que los Reyes no lo traen.
– Estuve muy ocupada haciendo de Rey Mago en busca del laboratorio de las Monster High [juguete de moda esta pasada Navidad]. Yo no pido más que poder crear nuevos personajes, como la producción en que estoy embarcada, como en los tiempos de Pareja abierta. En cuanto he dicho que quería hacer un montaje propio, se me han abierto bastantes puertas. Podría ser un monólogo, lo que me permitiría mirar hacia nuevos horizontes.
Sus anécdotas
Muchas tienen que ver con mi madre. Rodando Mujeres hubo un día libre en que por sorpresa nos metieron un montón de escenas que yo no había estudiado. Estaba aterrada y agotada. Daba el pecho al crío mientras me maquillaban. Dejé caer que no creía haber memorizado bien el texto. (Ni lo había mirado.) Mi madre, que andaba por allí y prefiere perder un amigo antes que un buen chiste, dijo: “¡Pero si no ha abierto el libro!” Quería matarla.
En otra ocasión le ofrecieron salir de figurante en una escena sin diáologo en que mi compañera y yo solo cruzábamos miradas. Como la conozco, le dije “por Dios mamá, no la líes”. Mi madre se puso a hablar a voces “¡Hola Antoñita, qué tal!” Solo se la oía a ella. Qué bochorno. De pronto: “¡Cooorten!”. Y yo pienso: “Trágame tierra”. Y el ayudante de dirección: “A ver, por favor, la figuración tiene que hacer lo mismo que esta señora. ¡Tiene que hablar!” Después no había quien la aguantara. “¿Ves? La única que lo ha hecho bien, yo”. Me ha hecho ver esa escena cientos de veces.
Hice una zarzuela con Paco Matilla, El dúo de la Africana. Salía a escena con un larguísimo vestido de terciopelo negro, gritando y huyendo de un hombre que quería violarme. Dábamos la vuelta al escenario y salíamos. Tropecé con los bajos del vestido, caí al suelo y me comí el escenario de cara. No era capaz de levantarme, entre la risa y los faldones. Salí arrastrándome como pude y gritando “¡Me violan!”, mientras el otro actor hacía como que corría pero sin moverse del sitio y medio a cámara lenta. Un número.

 

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¡Manos Quietas!

28 de octubre 2010

...Esme (Chiqui Fernández, actriz fantástica, a la que algunos conoceréis por esa serie almodovariana que se emitió durante algún tiempo en La 2 y que se llamó Mujeres y que tontamente quitaron de la parrilla de un día para otro),...

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